
Somos lástimados en lo más profundo de nuestro ser, sentimos como si nuestra piel se arrancara en pedacitosl. En ese momento entra el reclamo, y más tarde sin avisarnos siquiera el temido rencor. Sin embargo la conciencia permanece y es la encargada de mostrarnos la manera más lógica de ser buenas personas.
El perdón espera impaciente en la puerta de nuestra miserable vida, y trata a gritos de explicarnos la importancia de su presencia en estos casos y que antes que nada, debemos dejarlo entrar. Ciegos, por no reconocer nuestros propias debilidades entramos a una dimensión desconocida. Nuestros pensamientos se
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